Ἀχλύς

20-22 de julio 2017

animal oscuro
ansioso
frustrado
siempre asediado
por todo
por nada
sin intercambio
sin itinerario
sin estancia
de respuesta imprecisa
de voz opaca
incomunicado
agobiado
te acuestas
en el tiempo irrecuperable
y ruegas que ya
que ya se acabe esto
que ya te basta
que ya estás harto

quererte implica
ponerse a buen recaudo
animal dolido
de corazón calloso y encallado
animal hiriente
en esencia

Hertô aħtōn

 octubre 2016 – abril 2017

llorar resulta la evidencia
de que no habrá absolución
de la urgencia de salir de uno
para tropezar con los ojos
de quien se ama
y quererse
los remiendos
el hambre y la tristeza

uno entrega
la llave de la memoria
para no olvidar esos ojos
aun después de su ausencia o de su muerte
a sabiendas del riesgo que
esto supone

la llave puede no ser devuelta
puede caerse
huir
y extraviarse
y uno tiene que aprender a vivir
con esos ojos
y su ternura curtida
incrustados en el tórax

si ha de desaparecer
la llave
hay que guarecerse
hasta domar las ansias
recibir la tormenta
del apego
y atragantarse de reniego
acariciarse el solitario fin de los días
pero tener cuidado
de no destrabar
sus párpados
porque volver a dar la cara al otro
sin tenerla para uno
a veces puede desgarrar el puente
y hoy me sobran
astillas en las manos

río

24 de febrero 2017

hay que aprovechar cada fibra
extenuarla
amarrar una extremidad a cada punto cardinal
hay que despertar las angustias
sin temer sus rencores

canoa doliente
que divaga por la memoria
y se enfrenta a las piedras
que rieron en mis labios
y que hoy aprietan mi garganta
no se puede
curar
los harapos de la inocencia cansada
perdí la única arma que tuve
para defender del mal tiempo
a este tronco gastado
este cuerpo gozado
este cuerpo ha gozado
pero el placer y la ausencia marcan
cargo los surcos
de este envoltorio pasajero
que han besado
pies con ansias de tierra
llorar
con la frente apoyada en las rodillas
sirve para saberse palpitante
dudoso
desgarrado
extendido sobre las irregularidades
del pulso y del tiempo

añorante

me atraviesa
la urgencia de orillar
en la palma de tu mano

saltar
es
caerse
aprender a
levantarse
llorar sin esconderse
y con ese beso de sal en las rodillas
saber domar el terreno
y refugiarse en un verso
para ser del color del silencio
al enfrentarse al espejo del miedo
para ser del color del silencio
y refugiarse en un verso
saber domar el terreno
y con ese beso de sal en las rodillas
llorar sin esconderse
levantarse
aprender a
caerse
es
saltar

conocernos

encontrarnos
extraviarnos
buscarnos
juntarnos a acariciar las cortezas de los árboles
para qué tanta vulnerabilidad
para qué afianzarnos en el olfato
para qué intercambiar tantas llaves instrucciones y armas
para qué volcarnos al intento de preservar(nos)
(en) este momento
en el que aún cruzamos el atlántico para conversar en la misma habitación
para qué nos devoramos el pragmatismo
para qué matarnos de cariño
si ya nos matan tantas otras trampas
si somos amantes del olvido
su imperativo yanomehables
y su punzante yanoquierosabernadadetuvida
no me imagino tocando ese fondo contigo
(no quiero tocar ese fondo contigo)
te tengo tanta consideración
que no sé cómo conciliar el cariño que te tengo
con el miedo de volvernos seres ajenos
y me siento despreciable al desear
ver más atardeceres contigo a sabiendas de lo que podría pasar
pero sinceramente me muero por ver más atardeceres contigo
y cordilleras aves ramas cabañas gatos
por eso ahogo en esta palabrería mi cinismo
y mis experiencias de mierda por inocente
para que se vuelvan mitos o abono
para que no te manchen estas manos que te tocan
para que se nos congestionen los ojos de ternura
para que toda esta vulnerabilidad se haga lecho
ventana abierta y chimenea
para dormir tranquilas

un inútil cualquiera

buscaba nombrar en qué había invertido tanta soledad
y se cuestionaba dónde fue que perdió sus deseos de volver al fuego
y su habilidad de escribir el amanecer en los cuerpos que tocaba

luego de quedarse solo
trato de arrancar de sí
lo que amó
lo que marcó en el camino
y en su cuerpo
como indispensable

después de quebrarse
y de sentirse superfluo en todas las mesas y caminos
empezó a cuestionar su capacidad de sentir ternura

vino entonces la vergüenza
el deseo de enmendar la vida entera
y de sacudirse un poco tanto tejido muerto
porque seguramente era una amenaza para que otros lo evitasen
pero mientras más se parecía a los otros
más se perdía
más se arrinconaba

la culpa no era solo ajena
bien lo sabía
y en defensa de los que le hirieron
se fue reconociendo quizás un poco más noble
o más esquizofrénico
que en el juego solitario

intentó partirse y enterrar lo inocuo
evitó pronunciar palabras húmedas y oscuras
pero no pudo volver a coserse lo que él mismo
se había desgarrado
malgastó fuerzas sangre y tiempo
esa moneda antigua
perdió todas las guerras
contra su nombre
contra su cuerpo
contra su piel
y sus memorias

a estas alturas de la violencia
prefiere que le llegue la muerte
antes de volver a atreverse a pisar
su propia herida

ojalá

mi enterradora,
vuélvete sin palabras
a tu cabaña

y que ni el viento sepa
dónde te dejas
enterradas las sombras.

Francisco Granizo R.
(Los crepúsculos de Otón)

 

ojalá
no te pierdas
tanto en otros vidrios
mejor avenidos
quédate con el temblor
de tus ojos

ojalá que te ensucie y te redima
ese llanto de no saber
si sigues siendo constante
en tus ilusiones
de polvo
o si has renunciado a ser sencillo

que te muerda la camisa
esa duda
que te hace cuestionarte
si todavía vives para el abrazo
y no solo para el trapo
el trapo del cotidiano
y de las definiciones

agarrado a la madrugada
te siento
y con ternura
te recupero
entre cobijas

te miro

tú que te destruías
en espejos y en fotografías
para que nadie viera
lo que te hizo el tiempo
comprensible me parece todavía
cómo te fuiste aislando
tú que tanto precisas de otras manos
y por un momento
no encontraste más que la inexperiencia
de las tuyas

fuiste desgastando los domingos
encontraste el asco
en el placer inmediato
es tan tuya esa miopía
de siempre
tu voz fue cambiando
tu piel trató de esconderse
avergonzadas
huidizas amantes que se fueron

sigues con vida
y me preocupa que el tiempo
te quite la capacidad de morirte
quince veces al día
en otras arrugas
pero a la vez
me angustio por ti
no eres tan fuerte
como para seguir
mirando de frente
todo lo que sucede
porque todo te quiebra
y te deja llorando
acurrucado en memorias
cadáveres que se despiden

para huir pierdes el tiempo
desdoblándote
aquí
en callejones
en negación
en excesos
escuchándote a través
de los ladrillos

te consume
pensar que es tanto lo que queda por hacer
y ver cuán amarradas al dolor están tus venas

la vida pasa
siento que te pasa por encima
pero te das modos de reparar este megáfono
de tu introversión

lo único que quieres que se registre
es cuánta paciencia te ha tenido tu madre

sin darte cuenta
cuánto has hecho llorar
cuánto has herido
cuántas palabras has enterrado
antes de que te las dijeran

ser que duele y que se duele
eres un nido hambriento
que no sabe cómo recibir al sol
sin angustiarse

cuánto has perdido
en esto de encontrarte
en esto de saberte
llanto
que grita
y se revuelca

ojalá que lo único que
te ocupe hasta que te venza el cansancio
sea ser este taciturno corazón
que aún resguardo

A pie

mástereninsomnio

Pasar tantos meses sin cámara a mi alcance 24/7 me ha hecho pasar ojeando con más detenimiento la vida.

Desde ya estoy extrañando esta ciudad que he ido conociendo de a poco, casi siempre a pie y a veces, cuando no me da miedo causar un accidente por mi despiste, en bici.

Ayer volví a tener acceso a una cámara y eso me dio un impulso alegre pero extraño porque no suelo ser de energías escandalosas. Tenía planeado ver el atardecer frente al mar y, de paso, tratar de filmar algo para completar un tereque de mi tesis. Esta playa da al este, el atardecer ocurriría a mis espaldas, algo nuevo para mí. No iba a ser la primera vez en La Malvarrosa, pero sí el primer atardecer que vería ahí.

Según mi cursilería, en esta época del año los atardeceres tienen su punto de máxima emoción a eso de las 8:30 PM, por lo que planifique estar ahí hasta las 10 PM. A las 7 PM llegué a la estación de tren de El Cabanyal, dejé la bicicleta prestada en la estación de Valenbisi que está junto a la puerta trasera y caminé en dirección a la playa. Cuando crucé una de esas calles coloridas del barrio aquel, una mujer de unos sesenta y pico años sentada en una silla en media vereda me dijo “¡hola!”, con una espontaneidad y una confianza que me conmovieron. Tenía una voz grave, de una textura hermosa. Le miré a los ojos con sorpresa, le sonreí y le saludé de regreso, con un cierto retraso pero con alegría. En estos meses de soledad y ensimismamiento burocrático me han resultado extremadamente bellos y necesarios encuentros e intercambios de calor humano como este.

Caminé hacia el este hasta llegar a la playa. Estuve tres horas frente al mar, gocé, estuve casi inmóvil buscando momentos y sosteniendo la cámara, así que me morí del frío cuando empezó a hacer viento. Regresé a la universidad, luego a la casa. Pasé la noche editando, pensando. Me acosté a la mañana siguiente.

A veces siento que absorberme (ad)mirando y recordando tal vez no es más que otro de mis tantos egoísmos y me cuestiono si realmente tendrá sentido sacrificar tiempo de contacto humano por tener momentos prolongados de soledad para perderse en el tiempo. Muchas veces, aunque me pese, creo que no. En esos momentos en los que elijo mi soledad, se me hace tan difícil vivir conmigo y mis decisiones… lo único que me calma es salir a caminar y, sin darme cuenta, continúo hundida en el ciclo hasta que alguien, con afecto, me redime y me recuerda el orden de la vida, que quizás de lo único que se trata todo este desfile de días y semanas sea de un darse al otro, ese otro de tantos rostros y tantas voces.

Tantas veces me han salvado esos ojos ajenos de perderme en mí misma que ya viene siendo tiempo de devolver esa ternura, diga, Proaño, actúe y deje de botar palabras huecas.