C. F. P. (1927)

Clemita,

Hace 17 días estaba llorando en la cama y grabé lo que me pasaba por la cabeza:

“no puedo cerrar los ojos
la voz de mi padre está hablándome en recuerdos

no sé por qué persevero en exprimir
hasta la última gota de la agonía

recuerdo cómo tras su partida
caíste enferma
corporalmente en un comienzo
y en el hospital me obsequiaste
un frasco de tinta azul y sus plumas

todavía no conocía yo el valor del tiempo
y me ensimismé
sin saber que luego no tendría la suerte
de tu lucidez

una tarde te escuché golpear la puerta
que conectaba tu casa con la nuestra y pedías
que alguien te dejara entrar
porque estabas perdida y buscabas a tu madre

querías irte a Quito
en un taxi
tu madre estaría allí
esperándote
tenías urgencia de irte

yo no sabía si llorar
o tratar de seguirte el juego y
engañarte con afecto
y decirte que tu madre
está en camino
que no tenías que ir a ningún lado
que ella vendría por ti

tratando de perdonarme
el tiempo perdido
te escribo desde hace tanto ya:

“tus ojos que guardan
la sonrisa del tiempo”

algo se me quiebra dentro
algo me destroza todavía
no puedo recuperar lo perdido
y creo que poco a poco
me voy perdiendo a mí también

cada día que pasa
me veo en el espejo
y siento que he destruido
a la persona que criaste
hace tantos años
y no sé a quién pedirle
un regreso”

***

Hace 15 días quise transcribir ese balbuceo de insomnio para dejarlo expreso aquí, empecé el post y no lo concluí.

Hace 12 días partiste y todavía me quiebro.

***

Clemencia Flores Puyol

Riobamba, 6 de enero de 1927 – Quito, 18 de abril de 2016

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***

Mi mamá me contó que pasó en cama, entre triste y cansada, todo el domingo antes del lunes de tu partida (ella que nunca pasa en la cama).
-Presentimientos -diría ella.

***

Y no, no voy a cambiar el título del borrador. Aún abrazo tus ojos en esta habitación del tiempo.