balance

31 de julio – 6 de septiembre 2017

cada quince días
me quemó los ojos
el sol del amanecer
al otro lado de la cordillera
y yo me dejaba cegar
feliz
con la ilusión
de enmendar
mi vida radicada en otras calles
que nunca cruzarían las tuyas

cada quince días
sentí ese frío quiteño en la nuca
y envidié su suerte
de entrar cada madrugada
en tu habitación
siempre bienvenido
a abrazar ese gesto en tu rostro
hundido en la última hora de sueño
ese gesto que incluso a tu lado
yo solo pude mirar
absorto y de lejos
a diez centímetros
a cuatrocientos veinte kilómetros
a ocho mil novecientos noventa y seis kilómetros
a noventa mil palabras y trescientas cartas de distancia
(unidad de longitud timidez)
porque nunca se merecieron
la cotidianidad del tacto
la simplicidad del tacto
la fecundidad del tacto
estas manos mías
infames y cobardes
que te escriben

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solemnemente

I am not writing a history of these times or of past times or of any future times and not even the history of these visions which are with me all day and all of the night.

Anne Boyer

 

tal vez después de cincuenta noches
despierte de nuevo en ese laberinto del aniversario
y ocho estrellas me tracen
la salida en la espalda
las curvas rectas diagonales
y perpendiculares líneas
de las letras de tu nombre

lleva ese signo
lava esa angustia
esa herida que no viene
de ningún febrero más que de tu mente
abandona el látigo ridículo
y siente los brazos que te brindaron
descansar sobre su propio cansancio

afecto regazo
mis huesos guarecidos
de su propia pobredumbre
sobre tu pecho
y entre tus brazos
sólidas estancias

tanto tiempo ya desde aquel octubre
de esa sala comedor con su sofá
y su mediterráneo

qué importa que yo llore
lo que fue y ya no es
en otro puerto ahora
sobre esta silla
de otra sala comedor
en mi soledad impenetrable

mi nostalgia
casi inaudible
te nombra
te conmemora

tu inventiva
de configuraciones
sobrevive en mi espalda

31 de julio 2017 – 31 de agosto 2017

rutas

7 de agosto de 2017

El mundo es una larga huella tuya
y yo piso la tierra
desterrando el olvido.
C. Maya

madrugo
a recoger hojas secas
en las ciudades
y montes que recorrimos juntos
y me doy cuenta de que no puedo
entregarle a tu nombre más refugios

a dónde huiré
si no para pensarte
sin pena

me quedan tan pocos lugares
sin regalarte
espacios donde la memoria afilada
no me rasga el asqueroso remordimiento
de que pudo haber sido distinto
porque estuvimos tan cerca
tan cerca
del
silencio

recordarte
como un ser etéreo
sin coordenadas
sin habitación
sin atardecer
sin laguna
sin cabaña
sin barrios
sin parque
sin sombra de ese árbol endémico sobre el adoquinado
sin letreros
sin calle de tierra
recordarte
sin ancla alguna a la superficie terrestre
es un consuelo
que no puedo dejar que se me haga lágrima
al volver
sin ti
sin tu voz
a estos lugares tuyosmíos
cofres
guardianes
de nuestro paso

quizás fue un desvarío de tu sensatez
encariñarte de esta
inútil triste tautología
que juega con papel
que recorta pega escribe
sin remedio
que cruza cordilleras
que sube gradas
que llega a tu puerta
que fastidia
que te cansa
que tardíamente se dio cuenta
de le que le querías
y al caer
de boca en ese pozo
erosionó lo posible
y ahora se desvela por ti
inútilmente
reitero
porque tampoco da para más
mi suerte

(Imbaburapak)

18-23 de julio de 2017

cuántas palabras
no causaron suficiente angustia
como para decírtelas
o para surcírmelas en las manos
estas manos
que soñaba yo
que algún día hubieran estado más cerca de tu piel que
de mi pena

todas las tristezas
que no llegaron a ser cuentos
que terminaron siendo estas hilachas horizontales
que debaten si se puede llamarle amor al azar
o viceversa
y que dejo aquí
para aligerar la carga

quisiera poder respetar
ese reglamento interno
actualizado con el siguiente artículo

no volver a perder la cabeza
por características hondas
ni por características secundarias
y circunstanciales
llámese posición de su churo su frente
(la individualidad de cada churo)
humedad de sus poros
dobleces tiernos de la piel de su rostro
dolor naciente en sus ojos
sus brazos fuertes
su pecho calmo
cerrar los ojos
morirse en vida
no caerse más de espaldas
por su inteligencia
son su sensibilidad
con su criterio
sus cuestionamientos
sus búsquedas
su voluntad de ser
más allá de sí

ver más aves
perderse en más ciudades sin recuerdos
abrazar más lecturas
coserse los pies
engraparse las orejas
y los dedos
pero no
ya no más
ya no
querer así
ya no

no ves barro mío
corazón maceta rota
que ya no tienes con qué pagar
tanta inocencia

oración

29 de julio de 2017 – 01 de agosto 2017

frío mío y sólo mío
silencio como último regazo
ven pronto a adormecerme
antes de que algún poro
se me desborde
en su nombre
y pierda este juego de resistencia
y la noche no acabe
y la calle no exista
y desaparezca su esquina
y no responda mi llamado
y no pueda decirle jamás
que me enternece que no haya
querido joderme la cabeza

no hacía falta ya

ya ves que
hay tantas cosas
que todavía debo decirle

nuestra casa
el polvo en esfinges
neuróticas nostalgias
de no perecer

Sara Vanegas (Sed, De entrelíneas, 1985).

 

la urgencia del tacto
la conciencia de la ausencia
que no se muere
aunque sea tan tarde ya
que no se duerme
aunque me unte
una a una
tus palabras (las acuno en mi memoria)
en la garganta

me angustia no saber
si ya he hecho demasiado
o si sólo soy un cobarde
imaginado
inventado
horizonte del que
antes bebían tus ojos
pasado
pesado horizonte
ahora inútil tabla
rendida
reseca
que agotó
sus tonalidades

los fonemas del deseo
las inflexiones de tu voz
el abrigo de tus brazos
tus huellas en mis surcos
(evidencias de que intentamos
salir del laberinto)
el vuelo de tus ideas
los paisajes en tus ojos
escenarios de intenciones y trayectorias
multitudes invisibles
que registran tus oídos
tus cauces de narrativas
tu incansable sed de indicios y metáforas
tu presencia de vorágines y honduras
me atraviesan
me provocan
me desvelan
me desgarran

tú y mi maldita memoria

Guayaquil, 22 y 23 de junio 2017