río

24 de febrero 2017

hay que aprovechar cada fibra
extenuarla
amarrar una extremidad a cada punto cardinal
hay que despertar las angustias
sin temer sus rencores

canoa doliente
que divaga por la memoria
y se enfrenta a las piedras
que rieron en mis labios
y que hoy aprietan mi garganta
no se puede
curar
los harapos de la inocencia cansada
perdí la única arma que tuve
para defender del mal tiempo
a este tronco gastado
este cuerpo gozado
este cuerpo ha gozado
pero el placer y la ausencia marcan
cargo los surcos
de este envoltorio pasajero
que han besado
pies con ansias de tierra
llorar
con la frente apoyada en las rodillas
sirve para saberse palpitante
dudoso
desgarrado
extendido sobre las irregularidades
del pulso y del tiempo

añorante

me atraviesa
la urgencia de orillar
en la palma de tu mano

mi casa

mi silencio
fue tu casa
mi cuerpo quiso
permanecer callado
para escucharte

mi silencio abierto
como mis manos
sobre tu espalda

mi silencio
que ahora es tuyo
tu silencio
mi casa

tu silencio
alberga
los cofres de tus gestos:
enmarcada tu letra
abrazados tus miedos
esbozadas tus huellas
elevados tantos colores
de tu complejidad
adornado el cotidiano
con mosaicos incesantes

mi añoranza se duerme
en la confianza
de que los cimientos
plantados con caricias
a uno le sobreviven

después de todo
el silencio es una ofrenda
el silencio es narrativo
el silencio es una antorcha
que solo cambia de mano

esto a veces se me olvida
y se retuerce
mi casa

tu silencio inadvertido
sentencia estacional
guarida de invierno
un fuego
que me muestra
tus rincones

con la misma delicadeza
que a tu lado yo he velado
ahora quiero contemplarte
en esta casa

me acuesto en
tu risa enmudecida
mi casa

el hambre de tu boca
me desgarra las
membranas desandadas

15 de diciembre 2016

me siento a ordenar las horas
después de tanto simulacro
y se me riega la noche

no puedo volver a unirla 
cualquier intento
sería como infligir un grito
en la superficie del río
que guarda la calma
que no me pertenece
que no me corresponde
que no me incluye 

solo me queda mancharme las manos
abrirme las rodillas
y cuestionarme a mí misma
fronteras que a nadie más le tajan

entre tantas divisiones
que me sangran
me pregunto con angustia
en dónde quedará la memoria
de los ríos de tu sueño
cuando me muera

es tanta suerte
para mí tu confianza
el único sendero
que recorro de puntillas
que resguardo
en voz baja
como arullé tus ojos
navegantes

la distancia
los trayectos
las decisiones
la balanza
la soledad

temo
que esperar inerte
frente al olvido
sea arrinconarse
en el tiempo

siento que debo hacer algo pronto
para no arrepentirme de no
haber tomado más riesgos hacia tu esquina
de no haber cruzado todos los
puentes de mi timidez
los que me han impedido apretarte a mi cuerpo
sin miedo de que te encuentres
con mis poros torcidos
los que de todos huyen

voy a arrepentirme de haberme pensado eterna entre tus nubes abiertas y en tu silencio

silencio
podría callarme
destruir esta mesa embarrada
en el último piso
donde nadie me espera
contar las astillas solo para mí
y esconder mis dedos rotos
pero no
como si la vida fuera posesión
como si los desgarros no fueran tan compartidos
como los besos
esos hijos incansables de los labios
que escondí en tus comisuras
para que te cuiden

vuelvo a las horas de
encontrar tu nombre en las paredes
de recorrer calles y bosques a tu lado
mientras tus palabras y tus gestos
eclipsaban los caminos

vuelvo a las horas de tu ternura
meciéndome
a media luz

la laguna acostándose en la orilla
la paja dibujando el sueño del viento
para tus ojos y tus oídos ávidos
madrugadoras aves que contemplan
la existencia
maravilladas
maravillándome

ese brillo de tu mente retumba
hoy en mi ventana
resuena tu mente honda
tu mente franca
como vos misma
como tu voz
que quema todo
lo que toca

¿dormirás todavía en este momento
entre los ríos buenos
de tus horas?

¿tu tierra
libre como es
esperará aún alguna historia
de mis manos?

este es el puente
donde tu boca me enseñó
que me harías falta

no entiendo yo
qué hago tan lejos
si estos huesos míos no tienen
más refugio que tus brazos

saltar
es
caerse
aprender a
levantarse
llorar sin esconderse
y con ese beso de sal en las rodillas
saber domar el terreno
y refugiarse en un verso
para ser del color del silencio
al enfrentarse al espejo del miedo
para ser del color del silencio
y refugiarse en un verso
saber domar el terreno
y con ese beso de sal en las rodillas
llorar sin esconderse
levantarse
aprender a
caerse
es
saltar

Wortschatz

todas las palabras que encajas en el tiempo
cuidadosamente las auscultas
las respiras
a todas les cubres de silencio
para que sean precisas

cuando me las prestas
no las pesas ni las cuentas
solo les abres la puerta
y ellas me recorren
ocupan mis grietas
y ciernen mis ríos

cuando duermes a mi lado
mi cuerpo te las devuelve

mi tacto te recita de memoria
lo viajado

conocernos

encontrarnos
extraviarnos
buscarnos
juntarnos a acariciar las cortezas de los árboles
para qué tanta vulnerabilidad
para qué afianzarnos en el olfato
para qué intercambiar tantas llaves instrucciones y armas
para qué volcarnos al intento de preservar(nos)
(en) este momento
en el que aún cruzamos el atlántico para conversar en la misma habitación
para qué nos devoramos el pragmatismo
para qué matarnos de cariño
si ya nos matan tantas otras trampas
si somos amantes del olvido
su imperativo yanomehables
y su punzante yanoquierosabernadadetuvida
no me imagino tocando ese fondo contigo
(no quiero tocar ese fondo contigo)
te tengo tanta consideración
que no sé cómo conciliar el cariño que te tengo
con el miedo de volvernos seres ajenos
y me siento despreciable al desear
ver más atardeceres contigo a sabiendas de lo que podría pasar
pero sinceramente me muero por ver más atardeceres contigo
y cordilleras aves ramas cabañas gatos
por eso ahogo en esta palabrería mi cinismo
y mis experiencias de mierda por inocente
para que se vuelvan mitos o abono
para que no te manchen estas manos que te tocan
para que se nos congestionen los ojos de ternura
para que toda esta vulnerabilidad se haga lecho
ventana abierta y chimenea
para dormir tranquilas

un inútil cualquiera

buscaba nombrar en qué había invertido tanta soledad
y se cuestionaba dónde fue que perdió sus deseos de volver al fuego
y su habilidad de escribir el amanecer en los cuerpos que tocaba

luego de quedarse solo
trato de arrancar de sí
lo que amó
lo que marcó en el camino
y en su cuerpo
como indispensable

después de quebrarse
y de sentirse superfluo en todas las mesas y caminos
empezó a cuestionar su capacidad de sentir ternura

vino entonces la vergüenza
el deseo de enmendar la vida entera
y de sacudirse un poco tanto tejido muerto
porque seguramente era una amenaza para que otros lo evitasen
pero mientras más se parecía a los otros
más se perdía
más se arrinconaba

la culpa no era solo ajena
bien lo sabía
y en defensa de los que le hirieron
se fue reconociendo quizás un poco más noble
o más esquizofrénico
que en el juego solitario

intentó partirse y enterrar lo inocuo
evitó pronunciar palabras húmedas y oscuras
pero no pudo volver a coserse lo que él mismo
se había desgarrado
malgastó fuerzas sangre y tiempo
esa moneda antigua
perdió todas las guerras
contra su nombre
contra su cuerpo
contra su piel
y sus memorias

a estas alturas de la violencia
prefiere que le llegue la muerte
antes de volver a atreverse a pisar
su propia herida

ojalá

mi enterradora,
vuélvete sin palabras
a tu cabaña

y que ni el viento sepa
dónde te dejas
enterradas las sombras.

Francisco Granizo R.
(Los crepúsculos de Otón)

 

ojalá
no te pierdas
tanto en otros vidrios
mejor avenidos
quédate con el temblor
de tus ojos

ojalá que te ensucie y te redima
ese llanto de no saber
si sigues siendo constante
en tus ilusiones
de polvo
o si has renunciado a ser sencillo

que te muerda la camisa
esa duda
que te hace cuestionarte
si todavía vives para el abrazo
y no solo para el trapo
el trapo del cotidiano
y de las definiciones

agarrado a la madrugada
te siento
y con ternura
te recupero
entre cobijas

te miro

tú que te destruías
en espejos y en fotografías
para que nadie viera
lo que te hizo el tiempo
comprensible me parece todavía
cómo te fuiste aislando
tú que tanto precisas de otras manos
y por un momento
no encontraste más que la inexperiencia
de las tuyas

fuiste desgastando los domingos
encontraste el asco
en el placer inmediato
es tan tuya esa miopía
de siempre
tu voz fue cambiando
tu piel trató de esconderse
avergonzadas
huidizas amantes que se fueron

sigues con vida
y me preocupa que el tiempo
te quite la capacidad de morirte
quince veces al día
en otras arrugas
pero a la vez
me angustio por ti
no eres tan fuerte
como para seguir
mirando de frente
todo lo que sucede
porque todo te quiebra
y te deja llorando
acurrucado en memorias
cadáveres que se despiden

para huir pierdes el tiempo
desdoblándote
aquí
en callejones
en negación
en excesos
escuchándote a través
de los ladrillos

te consume
pensar que es tanto lo que queda por hacer
y ver cuán amarradas al dolor están tus venas

la vida pasa
siento que te pasa por encima
pero te das modos de reparar este megáfono
de tu introversión

lo único que quieres que se registre
es cuánta paciencia te ha tenido tu madre

sin darte cuenta
cuánto has hecho llorar
cuánto has herido
cuántas palabras has enterrado
antes de que te las dijeran

ser que duele y que se duele
eres un nido hambriento
que no sabe cómo recibir al sol
sin angustiarse

cuánto has perdido
en esto de encontrarte
en esto de saberte
llanto
que grita
y se revuelca

ojalá que lo único que
te ocupe hasta que te venza el cansancio
sea ser este taciturno corazón
que aún resguardo