Ojos de gato

2 de septiembre 2016 – 12 de octubre de 2016

quisiera mezclar el río de tus ojos
con el color de tus palabras
y abrigar con ese coraje las veredas rotas
para no tener miedo de hacer parada
en ninguna esquina de la vida

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Wortschatz

todas las palabras que encajas en el tiempo
cuidadosamente las auscultas
las respiras
a todas les cubres de silencio
para que sean precisas

cuando me las prestas
no las pesas ni las cuentas
solo les abres la puerta
y ellas me recorren
ocupan mis grietas
y ciernen mis ríos

cuando duermes a mi lado
mi cuerpo te las devuelve

mi tacto te recita de memoria
lo viajado

conocernos

encontrarnos
extraviarnos
buscarnos
juntarnos a acariciar las cortezas de los árboles
para qué tanta vulnerabilidad
para qué afianzarnos en el olfato
para qué intercambiar tantas llaves instrucciones y armas
para qué volcarnos al intento de preservar(nos)
(en) este momento
en el que aún cruzamos el atlántico para conversar en la misma habitación
para qué nos devoramos el pragmatismo
para qué matarnos de cariño
si ya nos matan tantas otras trampas
si somos amantes del olvido
su imperativo yanomehables
y su punzante yanoquierosabernadadetuvida
no me imagino tocando ese fondo contigo
(no quiero tocar ese fondo contigo)
te tengo tanta consideración
que no sé cómo conciliar el cariño que te tengo
con el miedo de volvernos seres ajenos
y me siento despreciable al desear
ver más atardeceres contigo a sabiendas de lo que podría pasar
pero sinceramente me muero por ver más atardeceres contigo
y cordilleras aves ramas cabañas gatos
por eso ahogo en esta palabrería mi cinismo
y mis experiencias de mierda por inocente
para que se vuelvan mitos o abono
para que no te manchen estas manos que te tocan
para que se nos congestionen los ojos de ternura
para que toda esta vulnerabilidad se haga lecho
ventana abierta y chimenea
para dormir tranquilas

un inútil cualquiera

buscaba nombrar en qué había invertido tanta soledad
y se cuestionaba dónde fue que perdió sus deseos de volver al fuego
y su habilidad de escribir el amanecer en los cuerpos que tocaba

luego de quedarse solo
trato de arrancar de sí
lo que amó
lo que marcó en el camino
y en su cuerpo
como indispensable

después de quebrarse
y de sentirse superfluo en todas las mesas y caminos
empezó a cuestionar su capacidad de sentir ternura

vino entonces la vergüenza
el deseo de enmendar la vida entera
y de sacudirse un poco tanto tejido muerto
porque seguramente era una amenaza para que otros lo evitasen
pero mientras más se parecía a los otros
más se perdía
más se arrinconaba

la culpa no era solo ajena
bien lo sabía
y en defensa de los que le hirieron
se fue reconociendo quizás un poco más noble
o más esquizofrénico
que en el juego solitario

intentó partirse y enterrar lo inocuo
evitó pronunciar palabras húmedas y oscuras
pero no pudo volver a coserse lo que él mismo
se había desgarrado
malgastó fuerzas sangre y tiempo
esa moneda antigua
perdió todas las guerras
contra su nombre
contra su cuerpo
contra su piel
y sus memorias

a estas alturas de la violencia
prefiere que le llegue la muerte
antes de volver a atreverse a pisar
su propia herida