reglamento interno

no con la que colecciona
estampas palpitantes
no con la que se desvela
contando hormigas
no con la que ingenia
el epitafio de mi angustia
no con la que suda
de blanco y de frente
y de lado
no con la que me regresa a ver
pensado que yo no la miro
no con la que me causa
temor de saludarle
no con la que me pica
las orejas
no con la que se emborracha
sin miramientos
en el balcón
no con la que me mira bien
los brazos
no con la que me pregunta
por el color de los aguaceros
no con la que no quiso
cervecear conmigo
no con la que fuma
cruzando las piernas
en un escenario silvestre
no con la que me negó
su regazo de parvularia
no con la que canta
con esa voz de cajetilla vacía
no con la que me vistió
el Ilaló con un poncho idílico
no con la que se sentó
en mis piernas susceptibles
no con la que conversa conmigo
en sueños
no con la que me regala velas en vez de fuego
no con la que se saborea la pena
como un hueso
no con la que conoce mis túneles
con más detalle que yo
con todos mis desvelos
no con la que lee mis descosidos
no con la que se embarazó del aire
no con la que defiende a los muertos
no con la de aires camaleónicos
no con la de acento de ave migratoria
no con la que sabe con qué vocativo cautivarme
no con la que dibuja mis labios en su memoria
no con la de sangre de montaña andina
no con la de voz de nube rastrera
no con la que tiene la puntería
del espacio y del tiempo
no con la que me deja la ducha congelada
no con la que me insiste
porque yo sé que quiero
no con la que repudia los crímenes al silencio
no con la que me invita
a jugar con arena
no con la que se sonríe con mis versos de circo
no con la que cree que tengo remedio
no con ninguna que me cambie
el curso de los poros
no
no creo que pueda
extenderme una vez más
sin desmembrarme

tengo los dedos partidos
por la ausencia de tu pelo
y las pupilas indefensas
hartas
regando la tierra
la patria que es la lágrima

huyo en mis horas insoportables
en busca de las quebradas de tus ojos
necesito que tus cuevas sean la tumba
de mis ecos

no dejes que la desidia
sea el féretro recién lacado
de mis deseos cobardes

en todos los caminos olvidados
olfateo los huesos de tus manos
y pido
rabioso
que me liberen la palabrería de cloaca
que me desempolven la caracola
tus falanges

te pido con la angustia
de las veredas destrozadas
que se solapen
todos nuestros triángulos
los montes atrevidos
sus sudores

que se muerdan los túneles
que copulen sus ratas
que se arrodille el silencio
ante los gritos
que hacen temblar la tierra

no andes malvendiendo
tu angustia de calles negras
déjame a mí
la soledad de tus labios

bailemos con el temblor
de tus manos frías
para hacer temblar también
tus muros
tu pasado 
que nunca se conformó
con su desgracia

déjame andar tus cuestas
para advertirte de las
piedras altaneras

déjame borrarte
los candados
del deseo
con estos dedos míos
que han crecido ávidos
solitarios
reptando entre las sábanas calientes
estos narcisos dedos
déjalos morir en tu boca

deja que te quemen
con la corriente de sus venas

deja que abran el silencio
de tus piernas lujuriosas

no andes provocando disturbios
déjame podrirme aquí
sucio
mordiéndome la lengua
mordiéndome las uñas

no me hagas soñar
no me hagas soñar
déjame con mis placeres subterráneos
déjame mendigar orgasmos
a los objetos frívolos
inmóviles
como esta pluma
como este puente

Buenas noches
insomnio,
qué ha sido de vos
bien te veo
ojeroso
en paños menores
como yo
a ver si así seducimos al cansancio

a qué juegas a estas horas
ya no se puede ni hablar solo
porque nunca se está solo
cuando los otros duermen
pareciera que ponen más atención
cuando tienen los ojos cerrados

dime
ella estará dormida?
de qué color se manchan sus sueños?

ay la vida

cuando amanezca
todos volveremos a pretender
que todo está bien
que la esperanza basta
para mirarse al espejo una vez más
y sonarán los motores
y los timbres
de las casas,
de los hornos
y de las madres

a veces siento que eres proporcional
al dolor y a la ausencia

acaso te enriquece
el ardor de mis ojos
para que ataques
sin falta
en los días de entierro?

ponte un vestido azul
y juega conmigo a presentir
el canto de los gallos
la caricia amarilla en el horizonte
mis lágrimas sin destinatario

antes de irte
no serás ingrato ve
cántame con toda la amargura
la de pobre corazón entristecido
con esa me rindo al sueño
o me muero
y te quedas
solo
como yo
pobre escupitajo
que no duerme

Funeral a los 16

I guess I’ve lived about ten or fifteen thousand lives now.

Charles Bukowski

Como mueren los versos en tus ojos de fuego,
ha muerto hoy
un cigarrillo huérfano
que andaba desangrándose
en un bolsillo roto.

Sus cenizas fueron vertidas
en una cuna de ratas
entre las escamas
de un tejado.

Una mariposa le canta el adiós
con su aleteo enlutado.

Queda solo su aliento,
amanecido eco,
que con traje nupcial baila
entre mis dedos,
entre mis labios.

El moho me regala
la grata calidez
para que no se cuele el frío
entre los nudos de las telas que me cubren.

La resolana amiga,
la traicionera nube,
traicionera porque anuncia
la alegría
y la retiene en su vientre.

Sé que estoy al borde del hartazgo
pero precavido, siempre,
dejo escrito el epitafio.

Siempre anduve precavido
por la vida,
advirtiendo,
enderezando los pasos,
con el catalejo obsesivo
a toda hora,
avistando tierra,
curvas,
siempre cuidado,
siempre cuidado.

Cuidado,
me dije,
se me acobarden
una madrugada
los párpados
de dejar al descubierto
mis córneas desgarradas
porque la espera resultó ser
más amarga que el vacío,
porque la soledad
me ahorcó
el flujo de los sueños.

Cuidado me vaya a largar sin esconder
los pornográficos hilos
de palabras.

Cuidado, miijto,
se va a caer del techo.

fugaz coincidencia
que se duerme en el olvido
la voz tupida que tienes
de río negro
que hace vibrar mis membranas
del deseo
una y otra
membrana
una

otra
vez

tus ojos lograron
hacerse un lugar
en mis cajones cansados
de abrirse
de cerrarse
de herirse
con labios de polillas
con clavos camuflados
entre mis dedos
mentiras todas
como la espera
como la eternidad
como el amor
joya intocable
inmune

burlaste mis fuertes
mis soldados indolentes
que no permiten que mi piel
se envicie con lo sublime

te quedaste a presenciar
el funeral
de mis puentes al mundo

te acurrucaste
como una selva virgen
en mis manos quebradas
sin dudar de mí
de lo que me he convertido
por haber pagado
tan gustoso
el alto precio
de la soledad
del silencio
del vacío

un destello nomás duró
aquella comilona de ojos
de timbres
de aromas


quién sabe dónde
yo
a enterrar mis cajones