15 de diciembre 2016

me siento a ordenar las horas
después de tanto simulacro
y se me riega la noche

no puedo volver a unirla 
cualquier intento
sería como infligir un grito
en la superficie del río
que guarda la calma
que no me pertenece
que no me corresponde
que no me incluye 

solo me queda mancharme las manos
abrirme las rodillas
y cuestionarme a mí misma
fronteras que a nadie más le tajan

entre tantas divisiones
que me sangran
me pregunto con angustia
en dónde quedará la memoria
de los ríos de tu sueño
cuando me muera

es tanta suerte
para mí tu confianza
el único sendero
que recorro de puntillas
que resguardo
en voz baja
como arullé tus ojos
navegantes

la distancia
los trayectos
las decisiones
la balanza
la soledad

temo
que esperar inerte
frente al olvido
sea arrinconarse
en el tiempo

siento que debo hacer algo pronto
para no arrepentirme de no
haber tomado más riesgos hacia tu esquina
de no haber cruzado todos los
puentes de mi timidez
los que me han impedido apretarte a mi cuerpo
sin miedo de que te encuentres
con mis poros torcidos
los que de todos huyen

voy a arrepentirme de haberme pensado eterna entre tus nubes abiertas y en tu silencio

silencio
podría callarme
destruir esta mesa embarrada
en el último piso
donde nadie me espera
contar las astillas solo para mí
y esconder mis dedos rotos
pero no
como si la vida fuera posesión
como si los desgarros no fueran tan compartidos
como los besos
esos hijos incansables de los labios
que escondí en tus comisuras
para que te cuiden