antes de irme

en cuál habitación
del tiempo
insisto

quién
me devolverá
los ojos
en tu nombre

rememoro
por vocación

en tu boca
mi piel se abría
sin reparos
te hundías y yo te proclamaba
me obsequiaste trazos limpios
subcutáneos

largos ciclos de extrañarte
me he bebido
y me han curtido

ahora entiendo la nobleza
que dejaste en mi pecho
tantas dagas contra mí me he perdonado y por amor propio
me he atrevido a ser feliz
tanto que no me reconocerías
(quizás ya no sirva para poeta)

hay cosas que me quedan
sigo siendo el mismo semillucho y solitario
que se enamoró de ti
hasta las tripas
y tuve tanto tiempo conmigo mismo que me encontré
conmigo misma
(quizás un día te la presente)

intenté
por todo el amor que hay en la tierra
soltarte
al fin

lloré que se quede a medias
tanta vida
hasta entender que todo
todo
tuvo su razón de ser

ahora debo partir
sin ganas de abandonar
mi cuna serrana

por más vestigios personales
que se revuelquen en sus calles
no quisiera saberme lejano
del escenario de
mis mejores días

parto
es inapelable

y no quisiera pensarte
porque ya no me corresponde a mí
pintarte ese tiempo
pero en mis días de reniego
sabré que voy a estar tan cerca
de tu origen
que no me sentiré completamente exiliado

quizás me atreva a caminar
sin hora y me olvide de mí mismo
en uno de esos viajes hacia la
historia de tu pueblo

(el imperio eres tú)

ojalá dé con la Lisboa de Fernando
y me pierda entre sus cuatro sombras
hasta no saber
si es cierto esto de
que existo
esto de que el azar
te me nombra
más de la cuenta