te anunciaste en mis pupilas
en días ingenuos

me versaste el silencio

moldeaste mis oídos
y mis ojos
que adoran leerte

moldeaste
este cuerpo
que habito
sin que pueda fingir demencia
y conformarte
sin unos respiros
de vida compartida
de aprenderme tus ojos
de verte
aunque sea por minutos
en otras latitudes
en otras camas
parques
habitaciones
con centípedos
y fuego
sobre otros adoquinados
con otros banquetes
y otras danzas
junto a otras escuelas
bajo otras ramas
y sus tripulantes alados
que acarician el aire
en caminatas sin rumbo
tardes sin cansancio
escapadas
sobremesas
escapadas

excusas urgentes
indispensables

verte

a ti
verte
(la especificidad del deseo)

condecoro estas memorias
en el concurso
de mis días felices

¿es irreversible?

te pienso
y te lloro
o me lloro a mí mismo

nunca aprendes corazón de barro
que la ternura no es arma ni soporte
es agua que envuelve
que se agita
nunca descansa

cómo he de curarme
si de nada adolezco

 

Guayaquil, 23 de abril de 2017

 

Hertô aħtōn

 octubre 2016 – abril 2017

llorar resulta la evidencia
de que no habrá absolución
de la urgencia de salir de uno
para tropezar con los ojos
de quien se ama
y quererse
los remiendos
el hambre y la tristeza

uno entrega
la llave de la memoria
para no olvidar esos ojos
aun después de su ausencia o de su muerte
a sabiendas del riesgo que
esto supone

la llave puede no ser devuelta
puede caerse
huir
y extraviarse
y uno tiene que aprender a vivir
con esos ojos
y su ternura curtida
incrustados en el tórax

si ha de desaparecer
la llave
hay que guarecerse
hasta domar las ansias
recibir la tormenta
del apego
y atragantarse de reniego
acariciarse el solitario fin de los días
pero tener cuidado
de no destrabar
sus párpados
porque volver a dar la cara al otro
sin tenerla para uno
a veces puede desgarrar el puente
y hoy me sobran
astillas en las manos