Tarde de aires rotos,
mutilada por mis manos
que no saben vivir.

Tarde sin esquinas,
atropellada por la arrogancia
de los tubos de escape.

Tarde del castigo
por todos esos autogoles insensatos
que me propino.

El más infame
fue haberte regalado
mi manual de instrucciones,
subrayado hasta el cansancio,
para que sepas exactamente cómo
despellejarme
los escudos.

soy quien se atreve
a retirar
esos velos sobrantes
que te contienen
para poder besar
el cráter de tu ombligo

me expongo a que me escupa
la lava en la cara
y que las quemaduras de tercer grado
sometan el morbo de mis poros

me reclaman
tus rasguños fugaces pero hirientes
estoy tentando a la muerte
con cada paso
siempre en falso
siempre al son
de tus pupilas
que se expanden
y se afilan
como los océanos
ante la luna
madre
de
todos
los
orgasmos

Narración deportiva: “siempre voy a estar para vos, nunca dudes de eso”

para la ex (que aunque ella ni yo queramos, a veces le toca esta línea)

Falta solo un día
para que me destruya entero
con sus imperativos
y sus promesas de medio pelo.

Desde hace semanas
que solo me da la propina fría
de la excusa.

Pero mañana
el fracaso trizará
las ventanas
y ella contará
cada una de las letras
que me ha dado
y me tomará cuenta
de mi llanto áspero
que jodió sus veranos,
que acentuó sus migrañas.

Falta solo un día
para que de su boca
escapen furiosas garras
y se claven en mi mente.

Hoy todavía remamos
esta noche para dos
y ella dice que me ama,
claro,
porque le he sido fiel,
porque he cumplido
mis horarios,
no como la perrita esa
que le denunció
o como la mexicana
que nunca se atrevió
a cruzar el mundo
para calmar su pena.

Pero la verdad es
que nadie puede
con su corazón
sin fondo
ni mis huesos
ni mis horas
ni mis humores
ni mis huellas.

Por eso,
solo falta un día
para que me confiese
que sus labios
hace rato ya no son
los huérfanos gemelos
que un día me tomaron la mano.

Desde el otro día
que te vi y no te dije
que te quedaba lindo el beso del césped
en las rodillas
solo vivo de mirarte
caminar despacio entre tus musas
las besas
las dejas
y te miro
y se me desbordan los pozos
y te vas
y apareces cuando quieres
cuando estamos lo suficientemente lejos
como para no ver el guiño de tus labios

vuelves cuando no te espero
cuando la muerte pide tus colores

me son imprescindibles
tus pasos espontáneos

que no se rindan
que no se acaben

 

 

Solo tengo mi naturaleza
de almorzar libros
para no despedazarme
el último trozo
de esperanza.

Ya no hay en el mantel de la madre
la sopa cariñosa
que era premio a la inocencia.
Ahora hasta sus besos en mi frente
tienen sabor a culpa.

Que me consuele Violeta
con su llaga honda
como nido para mis manos sangrantes.

Que me salve Violeta.