la soledad
me pone de rodillas

pido perdón
por mi ansiedad
por no tener la paciencia
para encender noches
sin quemarme
perdón por agotar la leña
antes de hora
creyéndola eterna
y luego sentarme a llorar
y a comer con las manos el frío

pido perdón por usar zapatos
solo por ese temor
irracional a los callos
por amarrarme los cordones
con un nudo simple
y dos bombitas abrazadas
como me enseñaron en el noventa y ocho

perdón por saber que no debo
arruinar el silencio de las islas
y aún así
me descuartizo por hundirlas

perdón por tener ilusión de tus hebras
por querer que me des una
sin darte nada a cambio
nada que
naturalmente
la amarré a las mías

perdón por guardar cenizas
son mi oro blanco
son todo lo que me queda
de mis andanzas
y de los besos húmedos
unipersonales

perdón por mirarte a los ojos
sabiendo que vos no fantaseas
conmigo
así
en ángulo de 60°
sobre mis bosques

perdón por atribuirme
el derecho a hablar pendejadas

perdón por narrar
escenas de sexo anal
con mi ligereza de mierda
por emplear el verbo hundir
cuando debí decir
destrózame
árdeme
corrómpeme
hasta que quede
con el culo
partido
y los labios desfigurados
laderas bien gozadas
roto y bello
como el cráter del Pasochoa

perdón por mis muecas ininteligibles
de placer nomás son

perdón por vanagloriarme de mi ropa roída
por dejar que dé cuenta de mi alma

perdón por refugiarme tantos días
y no irme de viaje
para tener más tiempo
para excitarme con productos ordinarios
que deberían calmarme
no revolverme
los fluidos

perdón por coser ideas
en la ducha
con los dedos bien empleados
competitivos

perdón por limpiar cagadas con paños nuevos
por menstruar sin previo aviso
en ropa interior masculina

perdón por creer que el amor
da sombra
nos deja a oscuras
pero es un pozo
que traga

se ríe el chirimoyo
de mi falta de tacto
aprende me dice
escarmienta me dice

agoto meses
y oportunidades
con mi retención oral
(“el retentivo oral los fuma
el anal los desmenuza”)
si yo creyera en los horarios
y en los decálogos
no viviese de psicoactivos

perdón por no saber
decir lo poco que quiero
con ocho sorbos y tres bocanadas

me encomendaron
describirte los ojos
para no morirme

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