c’est fini

más de novecientos días
anduve con la angustia
de ver cómo el silencio 
carcomía el amor
y se entretenía 
leyendo con la pierna cruzada
las cartas que no tuvieron la fuerza
para abrir el cajón
donde todavía se pudren

me preguntaba
cuántas palabras nos unirían
y cuántos pasos
habría que dar
para encontrarnos
en la misma puerta
en la misma tarde
y con el mismo afán

necesitaba saber
con precisión
qué día sería la excusa
para nombrarnos
y dejar de perseguirnos
como hienas
los pensamientos

al fin me harté
de ser ese callo tibio
que aparecía con los roces que me daba
y que se volvía tímido con su indiferencia

ahora
solitario
sin látigo que me encauce
hay días que tengo tendencia
a ser este pobre imbécil
que no sabe para qué vive
acaso para dar trabajo a una funeraria
y a los gusanos vertebrados
y los sin pecado original

pero cuando ando de a buenas
y no pienso en mis cenizas
me alegra haber salido
de esa quebrada
de los novecientos días

todavía no tengo corazón
para los trueques
lo resguardo hasta
que entienda
que no se debe responder
a los ecos

por lo pronto
tengo miedo
de mis ojos infantiles
porque es fácil
que otros ojos
me derrumben
el camino

por favor
si gusta
mueva conmigo
tres veces su cabeza

izquierda
derecha
izquierda

esto
esto
esto

esto de haberme consolado
pensado que sus puñaladas
eran caricias mal dormidas
y esto de haber creído
que la risa y las palabras de calidad
estaban exentas del olvido
casi me deja
en la bancarrota
de la chauchera
y del cariño

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