Vida en común (ficción)

para yatusaquenosa

Me dices que renuncias a la posteridad
y yo no entiendo,
estás completa,
¿qué afán tienes de gastarte
en mis ojos?

No va a ser fácil
hacerse cargo
de mis sonrisas de viejo verde.

No sé cómo quieres
remendarme sin herirte.

Te advierto,
la escasez de voces y roces
me ha dejado frío.

¿Cómo vas a descifrar
mis jeroglíficos vocales?

Cuando no pierdo el tiempo
intentando armar frases
de mal gusto,
como esculturas de naipes,
maldigo en voz alta
dondequiera que me asalte
la palabra,
sin reparos
y sin ritmo.

Soy de reacciones lentas,
divago como Colón
tropezando con lo evidente
y sobrevivo
de los orgasmos en barra,
goces al alcance de la mano
sin pasado
ni provecho.

A veces converso
con las migas de las días
que pasan ajetreados
sin mirarme.

Rechazo el buen vestir,
el buen comer,
el buen vivir,
el buen obrar.

Me he quedado solo
con el calor que desnuda,
el sabor que explota,
el sudor que delata,
el dolor que enternece.

Sabes que no soporto
la burocracia de las masas,
si ya vamos a hundirnos,
que no nos aten
a la tierra
los miedos
ni los contratos
ni los metales
ni ningún otro
monstruo inerte.

A mí me basta que,
antes de irte,
me dejes
uno de tus sacos coloridos
para abrigar las tardes de una sombra,
para no hacer como las señoras
y los señores que visten
sus paredes
con tejidos desalmados.

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